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Carisma

No se mide por lo bello de un rostro ni lo tonificado de un cuerpo; tampoco se limita a los rasgos de personalidad. Pero es una fuerza capaz de abrir puertas, es ese algo que llamamos “carisma”, y tanto en las relaciones sociales, familiares, políticas o laborales; es evidente que este atributo nos impulsa hacia otros niveles.
En la vida encontramos personas que lo tienen en menor o mayor medida; pero algunos de ellos llegan a ser líderes capaces de convocar multitudes y hacer que los sigan. Esa energía positiva que irradian estas personas, las convierte en fuerzas de atracción potentes; dejando una impresión inmediata tan solo al cruzarse con ellos. Tienen la facultad de ganarse fácilmente el cariño de otros, emanando una luz cautivante ¿Pero de donde viene el carisma? ¿Se aprende o se nace con el?
Encontramos libros de autoayuda, profesionales y expertos, dedicados a la labor de convertir personas comunes en reyes del carisma; consultores entrenando altos ejecutivos. Buscando esa formula de éxito inmediata, en la parece bastar con calzarse una buena corbata.
Los estudios nos dicen que el carisma proviene de una adecuada mezcla de entusiasmo, pasión por lo que se hace; extraversión, empatía y algo de suerte. La forma en que hablamos, el tomo que usamos; la sonrisa, el contacto visual, y la manera de lograr conectarnos con nuestro interlocutor; parece ser una predisposición genética, sin embargo, es al mismo tiempo una habilidad que puede cultivarse y potenciarse.
Una persona carismática es segura, audaz; sobresale en su entorno, es espontanea, y su atractivo viene del fondo de su ser; no de su aspecto físico. Donde llega, se anuncia con un aviso que dice “este soy yo”. Son generalmente, personas autenticas, sin mascaras; pero siempre denotan en sus maneras un respeto hacia los demás, en la forma en que se dirigen e integran en sociedad, desde como hablan, hasta como se visten. Saben escuchar y opinar cuando es debido, son firmes, consistentes a la hora de dar sus puntos de vista. No se extienden en largas reflexiones, sino que procuran ser breves, útiles y concisos. En religión el termino carisma significa “regalo de Dios” y tal vez lo sea, pero como nuestro creador no discrimina a sus hijos; la buena noticia es que todos podemos ser el centro de atención y atracción.
Casi siempre, aunque no por regla general, a las personas carismáticas las encontramos realizando actividades relacionadas con la política, lo social; académicos, empresarios; ventas, arte, literatura, cine, entre otros.
Algunos autores aseguran que el carisma se aprende y desarrolla como toda habilidad, dependiendo de diferentes factores externos, ambientales y sociales; pero sin duda, uno de sus pilares fundamentales, es la habilidad de interesarnos y ocuparnos de otros, dando lo mejor de si mismos.

Germán Camacho López

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